* La guía perfecta para no entender la vida de un expatriado, pero pueden intentarlo...

domingo, 2 de marzo de 2014

Fresas y mandarinas

Bueno, parece que los invasores "non gratae" de la semana pasada han empezado a abandonar ordenadamente mi cuerpo. No sé muy bien cómo lo he logrado. ¿Fruta, vitaminas, dopaje, reposo? Vaya usted a saber...

Lo cierto es que me he pegado una semana entera de reposo deportivo y atiborrándome a frutas. Casualmente, de un tiempo a esta parte, la mesa de mi cocina luce un fabuloso centro de frutas que, como no podía ser de otra forma, tiene su historia particular. Y les cuento:

Resulta que, entre trabajo, deporte y sociales, el hogar de este españolito era un caos. Uno ya no sacaba tiempo, ni fuerzas, para ordenar lo más mínimo su 1/3 de villa; ni ordenar, ni limpiar... ni viceversa. Pues bien, un buen día de Enero -me imagino que sería un sábado, porque estos asuntos consiguen captar la atención de mi neurona el fin de semana- amanecí y me dí cuenta de la necesidad urgente de incorporar a mi hogar a una Miss Proper.

Ya saben, una moza teutona, lozana y rebosante de energía que me ayudara con las tareas del hogar. Pues al final, ni moza, ni lozana... ni viceversa; eso sí, teutona. ¿Y a qué no saben quién es? Genau (exacto).

La abuelilla: vecina de enfrente, perteneciente al G7 de la comuna vecinal y que, "casualmente", también limpia en el 1/3 de villa de mi querida "Königin von oben" (mi vecina de arriba). Si es que todo queda en casa. Pero oigan, la necesidad apremiaba y acepté sin rechistar.

Un buen día de no me acuerdo qué semana, regresé al hogar y me encontré, por fin, la casa relimpia.

-¡Qué gozada!- pensé.

Ahora, eso sí, estaba todo cambiado de lugar. A los pocos minutos apareció ella, la abuelilla creativa, toda exultante, para explicarme las novedades del hogar.

-¡Pero si yo sólo quería alguien que me limpiara la casa!-

Pues nada, que sepan que, además de una serie ilimitada de nuevos productos de limpieza -los que tenía parece que no le valían-, ahora poseo también una nueva fregona con poderes centrifugadores.

-Todo sea por la ergonomía y felicidad del trabajador- volví a pensarY menos mal que mi histórico aspirador es telescópico y, por arte de magia, el mango se alargó... Algo que descubrí cuando estaba a punto de ir a comprar uno nuevo.

Pero lo más importante de todo fue aprender cómo tratar a un frigorífico. Y es que las temperaturas del mismo van de menos a más conforme vamos subiendo de estantería. Y sí, lo han adivinado, ya tengo todos los alimentos reorganizados por temperaturas.

Todo esto, imagínense a la abuelilla creativa explicándomelo al detalle, como si mi vida dependiera de ello. Uno la escuchaba con disimulada atención -por no romper la magia del momento-, pero mi subconsciente, de verdad, iba por libre:

- ¿Por qué? ¿Por qué a mi? ¡Si a mi me da absolutamente igual la disposición interna de un frigorífico!

Pues nada, yogures arriba, verduras abajo, y carnes a media altura... O por lo menos, así será los días que venga la abuelilla creativa.

Pero, aquí no termina todo. Giro la cabeza y me encuentro un precioso centro de frutas en medio de la mesa. Resulta que la fruta, ¡obviamente!, no se guarda en el frigorífico.

- Ach so!!- (onomatopeya alemana). Es todo lo que pude decir.

Pues nada, que a la abuelilla creativa le había dado por elaborar un precioso centro de mesa con toda la fruta que se encontró en el frigorífico. Básicamente, naranjas y limas; más de las últimas que de las primeras... Ya saben ustedes porqué, aunque reconozco que últimamente me he vuelto más devoto de Santa Chirimoya; esto es, Gintonic con arándanos o frambuesas...

Pero oigan, que la teoría de la fruta me ha gustado tanto que, a día de hoy, el centro ha evolucionado de las naranjas y limas iniciales, a un completo bodegón frutero multicolor. Incluso ha habido un fichaje estrella de última hora en forma de fresas y mandarinas, por estricta recomendación de una querida lectora surrealista que, como este españolito, también sigue los consejos de la doctora Mandarina.

Y, sinceramente, creo que el centro de frutas ha sido clave para levantar la moral de mi no-muy-numeroso ejército de leucocitos y salir victorioso de la contienda.


He aquí mi centro deco-curativo.

Así que hoy mismo sin falta, ya sin invasores externos cojoneros, porculeros, tocahuevos, molestos, empiezo mi plan exprés "corre, corre que te pillo...!"

Vamos, ¡¡¡que me voy a correr!!!

¡Nos vemos el 9 de Marzo en Frankfurt!


2 comentarios:

Expláyese con libertad y deje aquí su comentario: